Una mujer de 75 años convivía con una pitón enorme hasta que la reacción de su hija veterinaria le abrió los ojos

el espacio para Sunny: un terrario amplio, la temperatura adecuada, la humedad correcta y un recipiente grande con agua.

Tres años de convivencia

Con el tiempo, Margaret se acostumbró tanto a Sunny que prácticamente perdió cualquier temor hacia ella. La pitón fue creciendo y se volvió pesada, hasta el punto de que la anciana ya no podía levantarla sola. Aun así, seguía dejándola salir del terrario únicamente bajo supervisión, permitiéndole desplazarse por la habitación o descansar junto al sofá mientras ella veía televisión.

Pero un día, la conducta del animal