Esto es culpa suya —me dijo.
—¿Qué?
—Ahora sé demasiado.
—De nada.
—No era agradecimiento.
—Lo tomo.
Sofie dejó de preguntar si yo era mafioso.
Empezó a preguntar cosas peores.
—¿Has matado gente?
Camila casi escupió el café.
—Sofie.
—¿Qué?
Me miró.
No mentí.
—He hecho cosas de las que no estoy orgulloso.
—Eso no responde.
Tres años y ya interrogaba mejor que algunos abogados.
—No.
—¿No qué?
—No voy a responder eso ahora.
—¿Cuando tenga cuatro?
Camila se tapó la cara.
—Dios.
Con el tiempo, empecé a cambiar algunas