No le prometa cosas.
—No estoy…
—Sí.
Su tono era firme.
Sorprendentemente firme para una mujer que acababa de tener un hombre armado en su sala.
—Ella cree todo lo que dicen los adultos.
No le diga que no vamos a perder la casa si no lo sabe.
La miré.
Tenía razón.
No me gustó.
—Bien.
Me agaché frente a Sofie.
—Hoy no tienen que irse.
—¿Mañana?
—Todavía no lo sé.
Ella pensó.
—¿Entonces mi dinero no alcanza?
Miré el frasco.
—No.
Camila cerró los ojos.
Sofie bajó la mirada.
—