Mi esposa moribunda me pidió un abrazo, pero mi reacción la destrozó… hasta que nuestro viejo perro intervino

ojos enormes.

—Porque todavía estoy viva.

Organizamos una pequeña reunión en el porche.

Nada especial.

Cuatro personas.

Teresa.

Yo.Mariana envuelta en mantas.

Y Bruno tumbado junto a sus pies.

Al principio todos hablaron de cosas pequeñas.

Del jardín.

De una receta.

De un vecino que estaba arreglando su casa.

Cualquier cosa menos de la enfermedad.

Hasta que Mariana los interrumpió.

—He oído que algunas personas piensan que mi marido es un monstruo y otras creen que es un santo.

El silencio fue inmediato.

Una mujer bajó la mirada.

Otro