dijo algo que terminó de romper lo que quedaba entre nosotras.
—Pensaba decírtelo.
—¿Cuándo?
Tardó demasiado en responder.
—Después de firmar la casa.
Me reí.
Una sola vez.
—Entonces no iban a pedirme permiso.
—Renata ya dejó su departamento. Compró muebles. Invitó a sus amigas. Tu padre entregó dinero. No puedes hacer esto ahora.
—Yo no hice nada.
—¡Estás destruyendo todo!
—No. Solo me negué a pagarlo.
Su voz se volvió helada.
—Después de todo lo que esta familia ha hecho por ti.
—¿Qué hicieron por mí?
—Te criamos.
Cerré