hubiera venido a grabar una injusticia histórica.
—¿Estás contenta? —me soltó—. El vendedor está amenazando con cancelar todo.
—Perfecto.
Se quitó los lentes.
—¡Me prometiste esa casa!
—Nunca te prometí nada.
—Papá dijo que estabas de acuerdo.
Miré a mi padre.
—Entonces él te mintió.
Renata se volvió hacia él.
—¿Papá?
Él golpeó la mesa con la palma.
—¡Basta!
Todos guardamos silencio.
—Valeria tiene 42 millones de pesos —dijo—. 42 millones. Puede comprar esa casa y todavía le sobra más dinero del que una muchacha de su edad necesita.
Ahí