pesos.
480 mil.
750 mil.
Más de 1 millón.
Lucía había comparado fechas, comprobantes y movimientos.
Parte del dinero parecía haber terminado pagando deudas de Renata.
Otra parte había financiado la boutique que quebró.
También había transferencias vinculadas a una remodelación de la casa de mis padres.
Sentí náuseas.
—¿Cuánto?
Lucía deslizó una hoja hacia mí.
—Lo suficiente para que tu padre necesite un abogado propio.
Esa noche regresé a casa únicamente para recoger mis cosas.
Mi madre estaba esperándome en la sala.
—¿Vas a demandar a tu padre?
—Todavía