no sé qué voy a hacer.
—Puedes destruirlo.
—Él tomó dinero que no era suyo.
—Lo usó para la familia.
Solté la maleta.
—¿Por qué cuando el dinero es mío se llama dinero de la familia, pero cuando necesito decidir sobre él me dicen que soy una niña?
Mi madre no respondió.
—¿Por qué el negocio de Renata era responsabilidad de todos, pero mi futuro solo importaba cuando podían gastarlo?
—Tu hermana necesitaba más ayuda.
—Siempre necesita más.
Mi madre endureció la voz.
—Algún día entenderás lo difícil que es