mi primer coche usado.
No costaba millones.
No tenía interiores de lujo.
Pero cuando recibí las llaves sentí algo que ninguna casa de Bosque Real podía ofrecerme.
Era mío.
En mi cumpleaños número 19 llegó una tarjeta de mi madre.
Solo había escrito una frase.
La familia sabe perdonar.
La observé durante varios segundos.
Después abrí un cajón y la guardé.
Porque durante aquel año había aprendido algo que mi familia nunca me enseñó.
Perdonar no significa devolverle a alguien las llaves de la puerta que utilizó para entrar y