hijo porque Ethan dejara de quererlo.
Alguien se había encargado de separarlos.
Me quedé en silencio varios minutos.
Después dije:
—A partir de ahora, cuando Ethan salga del internado, puede venir aquí.
Daniel levantó la cabeza.
En su rostro apareció primero esperanza… y después miedo.
—Elena, no quiero obligarte a…
Alcé una mano.
—Tengo una condición.
Daniel se quedó inmóvil.
—¿Cuál?
Lo miré fijamente.
—Si ese muchacho vuelve a cruzar esta puerta, jamás volveremos a tratarlo como una visita.
—Será familia.
Y ninguno de nosotros imaginaba que aquella decisión cambiaría