quería elegirme. Tal vez solo quería conservar la imagen de sí mismo como un hombre bueno.
—Extraño cómo éramos antes —dijo por fin.
Sentí un dolor antiguo, profundo.
—Yo también.
Sus ojos se iluminaron apenas.
Pero añadí:
—Por eso me fui. Porque quedarme a mirar en qué nos convertimos habría sido más cruel.
Ethan se acercó un paso.
—Todavía tenemos treinta días.
El aire se tensó.
Durante un segundo, vi al muchacho del verano de hace doce años. El que temblaba al tomar mi mano. El que me miraba como