yo fuera estéril. Era él quien tenía una posibilidad muy baja de concebir.
Varias personas volvieron la mirada hacia Rodrigo.
Él apretó la mandíbula.
—¡Eso no importa!
—Para ustedes importó durante cinco años. Cada vez que tu madre me llamó mujer incompleta, tú guardaste silencio.
Teresa comenzó a respirar aceleradamente.
Pero Rodrigo tenía los ojos clavados en los documentos.
En realidad solo veía las cifras.
—Entonces todo esto pudo ser nuestro.
Aquella frase terminó de demostrarme quién era.
Ni siquiera dijo “perdón”.
Dijo “nuestro”.
—No, Rodrigo. Pudo haber sido una