celebrar contigo. Pensaba que podríamos comprar una casa, invertir juntos y dejar atrás todos nuestros problemas.
Tragó saliva.
—Entonces… ¿por qué no me dijiste?
—Porque antes de hacerlo apareció un mensaje de Diana en tu teléfono.
Su expresión cambió.
—Mariana…
—Leí cómo me llamabas pobre, vieja, estéril y estorbo. Le prometías echarme de tu vida. Y mientras yo protegía durante años el secreto de tus problemas de fertilidad, tú utilizabas mi supuesto defecto para justificar tu infidelidad.
Teresa me observaba horrorizada.
—¿Problemas de Rodrigo?
—Sí. Los médicos nunca dijeron que