pronto, cambiando completamente el tono—. Hijita…
Casi me reí.
Por la mañana yo era una mantenida estéril.
Ahora era “hijita”.
—Tú puedes arreglarlo —continuó—. Para ti seiscientos mil pesos ya no son nada. Somos familia.
—Éramos familia ayer por la noche, cuando sacó mi ropa del cuarto.
—Estaba enojada.
—¿Y cuando me obligó a dormir en el sofá?
—Fue un error.
—¿Y cuando me dijo que no quería que Renata encontrara mi olor en la casa?
Teresa rompió a llorar.
—Yo no sabía que eras rica.
—Exactamente.
No sabía que