nuera rica. Yo solo fabriqué una.
Desde abajo se escuchó un grito.
Teresa estaba revisando frenéticamente su celular.
—¡Los intereses!
Se volvió hacia Rodrigo.
—¡Son seiscientos mil pesos! ¡Y mañana aumenta otra vez!
Por primera vez aquella noche pareció comprender la magnitud de lo que había hecho.
Había pagado un banquete de casi ochocientos mil pesos convencida de que la familia de Renata cubriría todo.
Había utilizado sus ahorros.
Había puesto la casa de Cuernavaca como garantía.
Había pedido dinero caro.
Y no existía ninguna familia Alcázar.
—Mariana —dijo de