verdad.
Guardé mis documentos.
Rodrigo volvió a mirarme.
—Ayúdame al menos con las deudas.
—No.
—¡Tienes millones!
—Y siguen sin ser tuyos.
—¿Vas a dejarnos así?
—Yo no hipotecé esa casa. Yo no pedí seiscientos mil pesos. Yo no contraté este banquete. Cada documento tiene la firma de quien tomó la decisión.
Caminé hacia la salida.
—Mariana.
Me detuve.
—¿Qué?
Su voz se quebró.
—¿Alguna vez me quisiste de verdad?
Esa pregunta sí me dolió.
—Por eso tardé tanto en ver quién eras.
Y me fui.
Seis meses después yo