en años.
—¿Por qué esperaste hasta que cumpliera dieciocho? —pregunté.
—Porque tu madre me lo pidió. Quería que fueras libre. Que no dependieras de nadie. Que supieras que podías sobrevivir sola.
—¿Y si él me hubiera hecho algo peor?
—Entonces habría llegado antes. Pero tu madre confiaba en que serías fuerte. Y tenía razón.
A la mañana siguiente, llamé a la Academia Waverly.
—Sí, todavía tengo mi beca —dije—. La acepto.
Mi abuela sonrió.
—Boston te va a encantar. Yo tuve mi primer departamento ahí.
—¿Viviste en Boston?
—Construí mi
—¿Por qué esperaste hasta que cumpliera dieciocho? —pregunté.
—Porque tu madre me lo pidió. Quería que fueras libre. Que no dependieras de nadie. Que supieras que podías sobrevivir sola.
—¿Y si él me hubiera hecho algo peor?
—Entonces habría llegado antes. Pero tu madre confiaba en que serías fuerte. Y tenía razón.
A la mañana siguiente, llamé a la Academia Waverly.
—Sí, todavía tengo mi beca —dije—. La acepto.
Mi abuela sonrió.
—Boston te va a encantar. Yo tuve mi primer departamento ahí.
—¿Viviste en Boston?
—Construí mi