La puerta se abrió.
Grace apareció apoyada contra el marco.
Su rostro estaba pálido.
Tenía el cabello desordenado y respiraba con dificultad.
—Mia.
La niña corrió hacia ella.
—Mamá, el señor Duca está aquí.
Grace me miró.
Durante unos segundos no dijo nada.
Después vio el librero.
Y su expresión cambió.
—¿Lo escuchó?
Asentí.
—Sí.
Grace cerró los ojos.
—Entonces ya es demasiado tarde.
—¿Qué significa eso?
Ella miró a Mia.
—Llévate a Lily abajo.
—Pero…
—Ahora.
Mia obedeció.
Cuando desapareció por las escaleras, cerré la puerta del estudio.
—Quiero