saber qué está pasando.
Grace comenzó a llorar.
—No puedo decírselo.
—Llevas ocho años trabajando en mi casa.
—Precisamente por eso.
—¿Qué hay detrás de esa pared?
Grace se llevó una mano a la boca.
—Una habitación.
—Esta casa no tiene ninguna habitación ahí.
—Eso es lo que todos creen.
Me acerqué al librero.
—¿Quién construyó esa habitación?
Grace negó con la cabeza.
—No lo sé.
—¿Quién está dentro?
Su silencio fue suficiente.
Sentí que la sangre se me enfriaba.
—¿Hay alguien ahí ahora?
Grace comenzó a temblar.
—No lo