PARTE 2: Los golpes detrás de la biblioteca

sé.

Entonces los tres golpes volvieron a sonar.

Toc.

Toc.

Toc.

Esta vez venían de más cerca.

Miré a Grace.

—Voy a abrirlo.

—No.

—¿Por qué?

Ella se acercó y me agarró del brazo.

—Porque la última persona que abrió esa puerta desapareció.

Me quedé mirándola.

—¿Quién?

Grace tragó saliva.

—El anterior propietario.

Sentí un vacío en el estómago.

—¿Qué estás diciendo?

—La casa no pertenecía originalmente a usted.

—Lo sé. La compré hace diez años.

Grace negó lentamente.

—No.

—¿Qué?

—Usted no compró esta casa.

Señaló la pared.

—La