del padre biológico.
Había familiares que debían ser considerados.
Había decisiones judiciales y evaluaciones.
Y, sobre todo, había una niña cuyo futuro no debía decidirse únicamente por nuestra emoción.
Escuché todo.
Después pregunté:
—¿Puedo verla?
La enfermera nos permitió entrar.
La bebé estaba envuelta en una manta blanca.
Era diminuta.
Tenía cabello oscuro pegado a la cabeza.
No sentí inmediatamente que fuera “mía”.
Me alegro de poder decir eso ahora.
Porque durante años las personas romantizaron ese momento cuando escucharon nuestra historia.
No.
No hubo música.
No hubo una voz