final, yo sería el problema.
Así ha sido siempre.
Yo no hice nada de eso.
Me agaché y volví a atar la bolsa de basura con mis botas dentro. La até con mucho cuidado.
Entonces me levanté, pasé junto a ellos, atravesé la sala de estar con el sofá gris y el letrero de BENDITO, pasé por la cocina que olía a comida ajena y bajé las escaleras hasta el sótano.
—¿Kate? —me llamó mi madre—. Kate, ¿adónde vas?
No respondí.
El sótano