realmente y qué parte le correspondía resolver a él.
La próxima vez que hubo un viaje familiar, nadie habló de “gastos extra” cuando se mencionó a Sofía y Mateo.
Y cuando mis hijos escucharon que sus abuelos estaban planeando unas vacaciones, lo primero que preguntaron fue si ellos también podían ir.
Mi papá respondió antes que nadie.
—Claro que sí.
Sofía sonrió.
Mateo preguntó si habría dulces de árbol.
Nos reímos.
Yo también.
Porque al final, el viaje a Dubái no había sido una venganza.
Tampoco había sido una competencia