responder.
—Dijo: «Si Elena quiere recuperar su casa, tendrá que pagarme por ella».
Miré la pantalla del ordenador.
Mi padre seguía creyendo que aquello era una negociación.
Todavía pensaba que podía convertir mi propia propiedad en una nueva fuente de dinero.
Pero esta vez había cometido un error diferente.
Susan había escuchado toda la conversación.
Y, por primera vez desde que aquello comenzó, ella estaba dispuesta a contar exactamente lo que sabía.
Susan me envió las fotografías una por una.
No eran perfectas, pero bastaban para entender que mi padre