había conservado documentos que yo creía olvidados desde hacía años.
Había copias de transferencias, antiguas autorizaciones, correspondencia bancaria y varias páginas con mi firma.
Lo que más me inquietó no fue encontrar mi nombre.
Fue descubrir cuánto tiempo llevaba guardándolo todo.
Michael me pidió que no interpretáramos nada por nuestra cuenta.
—Necesitamos los originales y una cronología —dijo—. Fecha por fecha. Documento por documento.
—¿Y Susan?
—Si está dispuesta a explicar lo que sabe, que lo haga con sus propias palabras. No le sugieras respuestas.
Aquella misma tarde Susan salió