mesa, observándome.
—¿Vamos a ir? —preguntó.
Miré a Michael.
—Primero averiguaremos quién tiene derecho a acceder —respondió él—. No vamos a tocar nada hasta comprobarlo.
Por primera vez agradecí su obsesión por hacer las cosas correctamente.
Habíamos pasado demasiados años viviendo de versiones, recuerdos y explicaciones familiares. Si aquella caja contenía algo importante, quería que no hubiera ninguna duda sobre cómo lo habíamos obtenido.
Dos días después recibimos la confirmación.
La caja había sido contratada originalmente por nuestra madre.
Entre la documentación conservada figuraba una autorización relacionada con sus hijas.