Mi padre me echó de mi propia villa y se la entregó a mi hermana… pero olvidó un detalle: la casa nunca fue suya

verdad no podía devolverme el tiempo.

Saqué otra hoja.

—Estos son mis límites a partir de ahora.

Me miró sorprendido.

—No habrá más préstamos.

Dejé la primera hoja sobre la mesa.

—No pagaré tus deudas.

La segunda.

—No tendrás llaves de ninguna propiedad mía.

La tercera.

—Y cualquier cuestión económica pendiente seguirá el procedimiento que corresponda. No voy a resolverla mediante acuerdos emocionales entre nosotros.

Mi padre miró las hojas.

—¿Eso significa que ya no soy tu padre?

Negué con la cabeza.

—Significa que precisamente porque eres mi padre necesito