Mi madre y yo aparecíamos entrando en la casa.
Debajo había una frase:
“Valeria, tu padre intentó detenernos una vez. No cometas el mismo error.”
Levanté lentamente la mirada hacia la ventana.
Al otro lado de la calle ya no había nadie.
Pero ahora sabía algo con absoluta certeza:
Marcos no estaba actuando solo.