Marcos.
La empresa.
Los documentos antiguos.
Y, sobre todo, la advertencia de mi padre.
“Nunca confíes en Marcos.”
Antes de acostarme saqué nuevamente la fotografía encontrada bajo el suelo.
La observé bajo la luz de la cocina.
Mi padre.
Marcos.
Los otros dos hombres.
Entonces noté algo que había pasado por alto.
Detrás de ellos había un cartel parcialmente visible.
Solo podían leerse unas pocas palabras.
Pero reconocí una dirección.
Era un antiguo almacén situado a menos de veinte minutos de nuestra casa.
Busqué entre los papeles de mi padre.