Mi madre pasó los dedos sobre las marcas.
—No.
—¿Quieres dejarlas?
Asintió.
—Durante un tiempo.
La miré sin entender.
—Quiero recordar que esa puerta alguna vez estuvo cerrada… y que ahora puedo abrirla cuando quiera.
Aquella noche cenamos juntas en la cocina.
Por primera vez desde que regresé, mi madre volvió a cocinar.
Puso demasiada sal en las patatas.
Quemó ligeramente el pan.
Y se rio.
Hacía mucho tiempo que no escuchaba aquella risa.
Pero aún quedaba una pregunta que no me dejaba tranquila.
El hombre que había acompañado a