Después de meses fuera, volví a casa y vi las marcas en el cuello de mi madre… Marcos no sabía quién acababa de regresar

Silencio.

Después escuché a Marcos responder:

—No. Todavía podemos conseguir la segunda firma.

Mi madre me miró.

Yo también la miré.

Segunda firma.

La mía.

Y por fin comprendí por qué alguien había estado siguiéndome desde que regresé a San Antonio.

Aquella historia nunca había sido únicamente sobre controlar a mi madre.

También me estaban esperando a mí.