carcajada.
—Ahora resulta que todos están contra mí.
Saqué mi teléfono.
Lo coloqué sobre la mesa.
Activé la grabadora.
—Perfecto. Explíqueme otra vez la tradición.
Ernesto vio la pantalla.
—¿Qué haces?
—Quiero escucharlo claramente.
Se cruzó de brazos.
—El cordón se pasa tres veces por la espalda de la novia mientras se pide fertilidad. Después se amarra a la cama.
—¿Mientras ella duerme?
—Las mujeres de antes no hacían tantas preguntas.
Antes de que pudiera responder, una voz apareció desde la puerta.
—¿Qué tontería acabas de decir?
Era Alicia, la