En mi noche de bodas, mi suegro entró en nuestra habitación con una almohada, la dejó justo entre mi esposo y yo y anunció: “Esta noche dormiré aquí para que su primer hijo sea varón”. Esperé que mi esposo lo echara, pero solo bajó la mirada. No discutí. A las 3:00 de la mañana tomé mi teléfono, y entonces descubrí que aquella “tradición” había sido ocultada deliberadamente hasta después de casarnos.

carcajada.

—Ahora resulta que todos están contra mí.

Saqué mi teléfono.

Lo coloqué sobre la mesa.

Activé la grabadora.

—Perfecto. Explíqueme otra vez la tradición.

Ernesto vio la pantalla.

—¿Qué haces?

—Quiero escucharlo claramente.

Se cruzó de brazos.

—El cordón se pasa tres veces por la espalda de la novia mientras se pide fertilidad. Después se amarra a la cama.

—¿Mientras ella duerme?

—Las mujeres de antes no hacían tantas preguntas.

Antes de que pudiera responder, una voz apareció desde la puerta.

—¿Qué tontería acabas de decir?

Era Alicia, la