familias se están destruyendo porque ya nadie respeta a los mayores.
Lo miré.
—Respetar a alguien no significa entregarle mi cuerpo.
—No exageres. Apenas te toqué la espalda.
—Sin mi permiso.
—Era parte del ritual.
—Que usted inventó.
Sus ojos se endurecieron.
Luego miró a Daniel.
—Controla a tu esposa.
El silencio que siguió fue enorme.
Daniel levantó la cabeza.
Tenía los ojos rojos.
—No vuelvas a hablarle así.
Ernesto pareció no entender.
—¿Qué dijiste?
—Que no vuelvas a hablarle así.
Era probablemente la primera vez que Daniel se enfrentaba