saber esta noche.
Mi tío arrancó.
La mañana siguiente desperté en la habitación de hotel de mi madre.
Mi vestido estaba tirado sobre una silla.
Ella estaba sentada junto a la ventana.
Le conté todo.
No interrumpió.
Cuando terminé, solo hizo una pregunta.
—¿Quieres regresar con Daniel hoy?
—No.
—Entonces no regreses.
Fue extraño.
Después de horas de explicaciones, manipulaciones y excusas, aquella respuesta sencilla me devolvió una sensación que había perdido durante la noche.
La capacidad de decidir.
Daniel me llamó veintitrés veces aquel día.
Contesté por la tarde.