mundo.
—El hombre mayor de la familia duerme entre los recién casados durante la primera noche. Es para que el primer hijo nazca varón.
Me quedé mirándolo.
—¿Está bromeando?
—Claro que no.
Volví la cabeza hacia Daniel.
—Dile que se vaya.
Daniel no se movió.
—Amor, solo serán unas horas.
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
No era todavía miedo.
Era incredulidad.
—¿Tú sabías esto?
—Sabía lo de dormir aquí.
—¿Desde cuándo?
No contestó inmediatamente.
Eso fue suficiente.
—Daniel.
—Desde hace tiempo.
Sentí la garganta seca.
—¿Y decidiste