contármelo después de casarnos?
—Sabíamos que te ibas a poner nerviosa.
Sabíamos.
No dijo “yo pensé”.
Dijo “sabíamos”.
Ernesto ya estaba colocando su almohada justo en medio de la cama.
—No hagas un escándalo, Mariana. Mañana todos estaremos riéndonos de esto.
La palabra “escándalo” hizo exactamente lo que él esperaba.
Me frenó.
Pensé en mi madre durmiendo en otra habitación.
En mis tíos.
En mis amigas.
En todos los invitados que todavía seguían bebiendo abajo.
Pensé en salir de aquella habitación con el vestido arrugado y escuchar durante años que