yo había destruido mi matrimonio en la primera noche porque “no entendía las costumbres de otra familia”.
Así que cometí el error que después me costó meses perdonarme.
Me acosté.
En la orilla.
Completamente vestida.
Ernesto quedó en medio.
Daniel del otro lado.
A las 2:53, Daniel apagó la lámpara.
Ernesto la encendió otra vez.
—Debe quedarse prendida.
Entonces puso el cordón rojo sobre el buró.
Lo miré.
—¿Para qué es eso?
—Después.
No me gustó esa respuesta.
Durante casi una hora no cerré los ojos.
Ernesto se movía