Era una hoja de cuaderno doblada tantas veces que casi se rompía.
Laura la levantó.
Estaba escrita con crayón morado.
“Dar leche a Renata.”
“Cambiar pañal.”
“Contar monedas.”
“No hacer ruido.”
“Lavar los platos.”
“No despertar a Verónica.”
“No dejar que Renata llore.”
La última frase estaba marcada 3 veces.
—¿Quién es Verónica? —preguntó Laura.
Camila apretó los labios.
Tardamos casi una hora en conocer la historia.
Su madre, Lucía, había muerto 13 meses antes después de un accidente en carretera.
Verónica, media hermana de Lucía, había prometido quedarse con