las niñas.
Pero no tenía la tutela legal.
Para evitar preguntas, había seguido usando documentos de Lucía.
Firmaba circulares escolares en su nombre.
Recibía correspondencia dirigida a la mujer muerta.
Y cada vez pasaba menos tiempo en casa.
—Se fue el sábado —dijo Camila.
Era martes.
—¿Las dejó solas 3 noches?
Camila bajó la mirada.
—A veces hace eso.
Renata se había quedado sin fórmula la noche anterior.
Camila había contado las monedas de un frasco sobre el refrigerador.
Tenía 73 pesos.
No alcanzaban.
Así que tomó a su hermana,