“Puedo limpiar, cocinar, hacer lo que sea. Mi hermanita solo necesita leche”, me dijo una niña de 8 años mientras cargaba a una bebé hambrienta en el vestíbulo de mi empresa. No discutí ni llamé a seguridad. Escribí una sola frase en una hoja y respondí: “Entonces estás contratada”. Pero cuando cayó de su mochila una lista escrita con crayón, entendí quién las había abandonado.

caminó casi 3 kilómetros bajo la lluvia y buscó un lugar donde alguien pudiera pagarle por trabajar.

Llamé a la enfermera que atendía a nuestros empleados.

Renata estaba deshidratada, tenía bajo peso y necesitaba revisión médica.

Laura me llevó aparte.

—Tenemos que avisar al DIF y a la Procuraduría de Protección.

Camila escuchó la palabra.

Su cara se volvió blanca.

—No.

Abrazó a Renata.

—Verónica dijo que si alguien se enteraba, se la iban a llevar.

—Camila…

—Dijo que a los bebés los mandan con una familia y a los