doce años, viviera allí. Cuando se separaron, él ya era un empresario exitoso. Ahora controlaba varias compañías, aparecía en revistas financieras y poseía casas en tres países. En su mente, Lucía también debía disfrutar de una vida cómoda, aunque hubiera rechazado casi todo durante el divorciokara.
Habían pasado nueve años desde la última vez que la vio. La separación había sido amarga, rápida y llena de silencios. Alejandro estaba concentrado en expandir su empresa y viajaba constantemente. Lucía le reclamaba que el dinero había ocupado el lugar de su familia.