los ojos.
—Gracias.
Cuando colgó, nos miró.
—Es benigno.
Papá se dejó caer en la cama junto a ella.
—Pensé que iba a perderte.
—Lo sé.
—Lo siento.
—Eso también lo sé.
Mamá se secó la cara.
—Pero si esa llamada hubiera sido diferente, también habríamos afrontado eso.
—Juntos —dijo papá.
—Juntos. Y con todos los espejos disponibles.
Aquella noche, papá volvió a colocar el espejo de cuerpo entero. Después volvió a colgar el espejo de la cómoda y devolvió el pequeño espejo de tocador.
—¿Dónde quieres que ponga este?
—