casa. La reunión fue en el despacho de mi abogado.
Entró impecable, con un bolso color crema y la misma expresión que usaba cuando quería hacerte sentir que te estaba concediendo audiencia.
—Vengo a hablar de mi nieto.
—Mi hijo.
—También es un Cárdenas.
—Es un niño antes que un apellido.
Alejandro estaba sentado al fondo.
Beatriz respiró hondo.
—Daniela, hace tres años yo te ofrecí dinero para irte porque creí que eras un obstáculo para mi hijo. Eso fue un error.
Alejandro giró hacia ella.
—¿Le ofreciste dinero?
Beatriz