o si acababa de empezar una guerra mucho más grande.
PARTE 3
Durante las primeras semanas después de la prueba de ADN, Mateo vivió la situación con una naturalidad que a mí me resultaba casi ofensiva.
Para él no había abogados, apellidos poderosos ni tres años de silencio. Había un papá nuevo. Y eso le bastaba.
Alejandro, en cambio, parecía estudiar para un examen que no quería volver a reprobar. Anotaba todo en el celular:
“Mateo no come chícharos.”
“Se asusta con las secadoras automáticas.”
“Su dinosaurio se llama Chuy.