No cambiarle el nombre.”
Una tarde le pregunté por qué escribía hasta los detalles más pequeños.
—Porque ya perdí tres años —respondió—. No pienso perder también lo que puedo aprender ahora.
Aquello me dolió porque era verdad.
Las visitas comenzaron en lugares neutrales: parques de Zapopan, cafeterías con juegos y museos infantiles. Al principio yo estaba siempre cerca. Después empecé a sentarme más lejos.
Alejandro dejó de intentar impresionar a Mateo con regalos y aprendió cosas más difíciles: agacharse cuando el niño hablaba, guardar el celular, preguntar antes de cambiar