un plan y aceptar un “no” sin convertirlo en una batalla.
Yo empecé terapia.
Necesitaba distinguir entre el miedo que todavía me protegía y el miedo que ya me estaba gobernando.
La psicóloga me dijo:
—Usted tomó una decisión para sobrevivir emocionalmente. Eso explica lo que hizo, pero no elimina las consecuencias.
Me costó aceptarlo.
Yo había tenido razones para huir. Pero Mateo también había tenido derecho a conocer a su padre. Y Alejandro había tenido derecho a saber que tenía un hijo.
Dos verdades podían existir al mismo tiempo.