familia.
—Te estás confundiendo —dije, apretando a Mateo contra mí—. Es hijo de una amiga.
Alejandro ni siquiera me miró. Sus ojos estaban clavados en el niño.
Mateo se movió incómodo y dejó al descubierto una pequeña mancha café, en forma de media luna, detrás de la oreja derecha.
Alejandro palideció.
Él tenía una marca idéntica debajo de la clavícula.
—Daniela —murmuró—. Dime que esto no es lo que estoy pensando.
Mi teléfono volvió a vibrar dentro del bolso. Era la directora del preescolar. Tres horas antes me había explicado