en Guadalajara por una reunión.
Mi peor miedo había necesitado menos de una hora para encontrarme.
—Mamá… —Mateo abrió los ojos, agotado—. Tengo frío.
Le acomodé la cobija.
Alejandro dio un paso.
—¿Cómo se llama?
No respondí.
—Daniela.
—Mateo.
—¿Mateo qué?
La garganta me ardió.
—Mateo Alejandro Reyes.
El silencio fue brutal.
Alejandro cerró los ojos un segundo, como si le hubieran dado un golpe.
Tres años atrás, cuando firmamos el divorcio, yo tenía nueve semanas de embarazo. No se lo dije.
Me había casado con un hombre al que