una fuerza desesperada.
Como si durante diez años hubiera estado esperando exactamente aquel momento.
—¿De verdad me voy contigo?
David cerró los ojos.
—Sí.
Berta comenzó a llorar contra su pecho.
—¿Y si hago algo malo?
—Hablaremos.
—¿Y si me pongo triste?
—Estaré contigo.
—¿Y si un día ya no soy bonita?
David se separó un poco para mirarla a los ojos.
—No tienes que ser bonita para que te quieran.
Berta lloró todavía más.
—¿Y si un día ya no soy una niña?
David le acarició suavemente el cabello.
—
NADIE ME HA ELEGIDO NUNCA… HASTA QUE UN CEO SE ARRODILLÓ ANTE ELLA-TANTONA