en una cobija.
Brenda revisaba su celular nuevo.
Karla grababa historias para Instagram.
Sofía se quejaba porque Diego no le había depositado para hacerse las uñas.
Todo en esa casa lo pagaba Diego.
La hipoteca, la comida, la luz, el gas, el internet, las colegiaturas, las medicinas de su mamá y hasta las salidas de sus hermanas.
Él creía que eso era ser buen hijo.
Creía que mantener a todos era una forma de amor.
Hasta esa noche.
— ¿Dónde está Lucía? —preguntó, con la mandíbula apretada.
Brenda ni siquiera levantó